NO HUYAS DE TI.

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El exceso de trabajo y ocupaciones puede ser una sutil forma de huir de uno mismo. Se ocupa uno en mil cosas para no tener tiempo de encontrarse consigo mismo y mirarse de frente. Se da mucho este fenómeno en personas súper ocupadas en su vida profesional y sin posibilidad de disfrutar de tiempos libres. Se da también, y sobre todo, en personas de la tercera edad.

 Para C.G. Jung es la tercera edad una etapa de la vida estupenda para escuchar hacia dentro y presentarse ante Dios viendo en él la plenitud de la vida. Hoy se buscan para la tercera edad multiplicidad de ocupaciones. Se organizan excursiones, se ofrecen variados programas para ocupar el tiempo. Es una buena idea y con frecuencia aporta resultados positivos. Pero si, por un exceso de ocupación, no se aprovecha la gran oportunidad que ofrece esa edad, todos los viajes y organizaciones carecen de sentido.

Según C.G. Jung, el objetivo debe ser mirar desde el centro de la vida hacia dentro y encontrarse allí con el yo auténtico. Hay que dejar, de una vez para siempre, de mirar hacia fuera pensando que allí se puede encontrar la plenitud de la vida. Para Jung, el proceso de envejecimiento es un proceso sagrado que necesita espacios de silencio. En este sentido escribe a un señor que solicitaba insistentemente una entrevista con él: «Yo creo que la soledad es como un balneario donde la vida se transforma y se hace digna de vivirse. El parloteo es para mí cada vez más un suplicio. A veces necesito un silencio de varios días para reponerme de tanta futilidad en las palabras. Estoy enrolado en la caravana que avanza, y sólo vuelvo la vista atrás cuando no hay otra cosa que hacer. Esta marcha es ya en sí una colosal aventura, de la cual, sin embargo, nadie desearía decir nada concreto… Lo que queda es el silencio. Esta interpretación de la vida se hace cada día más clara. La comunicación resulta cada vez menos necesaria».

La tarea espiritual de la tercera edad es la reflexión sobre el misterio de la vida y de la muerte. Para eso se necesitan lugares de silencio. Quien pasa los años de esta etapa de la vida ocupado únicamente en cosas y cosillas desperdicia la gran oportunidad, pierde una estupenda ocasión de madurar.

Fuente// anécdotas y reflexiones

TODAVÍA NO…

Bendición 

Había en Normandía un antiguo monasterio regido por un abad de gran sabiduría. Un día, el obispo del lugar acudió al monasterio a pedir al abad que destinara a uno de sus monjes a predicar en la comarca. El abad decidió preparar para tal misión al hermano Francisco, un joven novicio lleno de virtud, de inteligencia y de otras singulares cualidades. El hermano pasó largos años en la biblioteca y fue discípulo de sabios monjes de otros monasterios. Cuando acabó sus estudios, predicó en el refectorio y los monjes bendijeron a Dios por la erudición de sus conocimientos. Fue a arrodillarse ante el abad:

-«¿Puedo ir ya, reverendo Padre?»

El anciano abad vio que en la mente del hermano Francisco había demasiadas respuestas.

-«Todavía no, hijo. Todavía no…».

Le envió a la huerta donde trabajó de sol a sol dos años. Adquirió la sabiduría del campo que sabe esperar; escuchó los problemas de los campesinos y el clamor de sus quejas por la dura servidumbre que les imponía el señor del castillo; animó a los que se sublevaban contra tanta injusticia. El abad le llamó: el hermano Francisco tenía fuego en las entrañas y los ojos llenos de preguntas.

-«No es tiempo aún, hijo mío…».

Le envió entonces a recorrer los caminos con una familia de saltimbanquis. Aprendió a contar acertijos, a hacer títeres y a recitar romances, como los juglares. Cuando regresó al monasterio, llevaba consigo canciones en los labios y se reía como los niños.

-«¿Puedo ir ya a predicar, Padre».

-«Aún no, hijo mío. Vaya a orar».

El hermano Francisco pasó largo tiempo en una solitaria ermita en el monte. Cuando volvió, llevaba el alma transfigurada y llena de silencio.

-«¿Ha llegado ya el momento, Padre?»

No; no había llegado. Se había declarado una epidemia de peste en el país, y el hermano Francisco fue enviado a cuidar de los apestados. Veló durante noches enteras a los enfermos. Lloró amargamente al enterrar a muchos y se sumergió en el misterio de la vida y de la muerte. Cuando remitió la peste, él mismo cayó enfermo de tristeza y agotamiento y fue cuidado por una familia de la aldea. Aprendió a ser débil y a sentirse pequeño, se dejó querer y recobró la paz. Cuando regresó al monasterio, el Padre abad le miró gravemente: le encontró más humano, más vulnerable. Tenía la mirada serena y el corazón lleno de nombres.

-«Ahora sí, hijo mío, ahora sí».

Y mientras las campanas tocaban para el Angelus, el hermano Francisco.

Fuente// anécdotas y reflexiones

 

Hermano mío, hermana mía.

Hermano mío que estás aquí al lado,

hermana mía con quien comparto, seguro, la tierra que pisamos,

no es mucho pero es lo esencial.

Respetado sea tu nombre; en todas las lenguas del mundo.

Hagamos juntos una tierra que no explote a nadie;

que a nadie relegue a los márgenes.

Una tierra en la que todo aquello que es un regalo;

el agua, el alimento, el viento, el suelo… esté en manos de todos;

y de esta forma el reino de Aquel al que llamamos Padre

vaya viniendo; a la tierra, al mar, a cada rincón

donde un hermano, hermana se siente amado

y dispuesto, dispuesta a amar.

Que nuestro pan, hermano, hermana, sea el de hoy,

y si hoy alguno de los dos no tiene pan, llame a la puerta del otro,

otra, tal vez nos quedemos con el estomago medio vacío,

pero nunca con el corazón reseco; porque mi mesa es tu mesa,

y mi casa, no es mi casa, es casa de todos, todas.

Y perdóname si en algún momento todo esto se me olvida;

y de repente creo que nuestro Padre no es tan nuestro y es más mío,

perdóname y ayúdame.

Recuérdame, entonces que el dolor del mundo

es también mío

y que si yo voy diciendo que mi Padre

es nuestro,

no puedo volver mis ojos, parar mis manos.

Y no te preocupes, este pacto es mutuo,

si yo en algún momento me siento ofendido,

ofendida por ti, te lo haré saber.

De esta forma podremos construir de nuevo;

que la forma de librar del mal a nuestra tierra

es sintiendo sus males,

y a partir de la vida compartida

con el hermano, hermana…

construir, caminar, amar.

Así sea. Hermano, Hermana

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Roberto Borda De La Parra, Madrid

UNA NUEVA VIDA.

Vivir es un aventura apasionante, cuando llevas el amor de Dios en el corazón y sientes amor por todos los hombres, que son tus hermanos. Por eso, mira bien atento dónde hay un hombre o una obra humana que necesita un poco de tu tiempo, un poco de tu amistad, un poco de tu trabajo. Quizás sea un hombre solo o un amargado, un enfermo o un hombre torpe para el cual tú puedes representar algo. Quizás se trate de un anciano o de un niño. 0 una obra buena que necesita algún voluntario dispuesto a brindar una tarde libre.

estoypicEn el mundo hay mucha falta de amor. Hay niños que lloran porque su madre les ha pegado sin razón. Hay abuelitos, “demasiado viejos”, a quienes sus nietos olvidan casi siempre de abrazar y los hijos los recluyen en el último rincón. Hay esposas, a quienes su marido ya no les dirige ni siquiera una mirada de amor. Hay hombres que mueren solos, porque no hay quien se preocupe de ellos. Y, sin embargo, necesitan un poco de cariño, de amor y comprensión. Cada uno de ellos tiene derecho a un pedazo de vida y del corazón de los demás y se lo han negado. Cada uno de ellos tenía necesidad de algo que los otros han querido reservarse para sí mismos o que han malgastado sin saber en qué emplearlo. Por eso, no dejes escapar ninguna de las oportunidades que se presenten en las que puedas actuar como hermano y servir a los demás. Las personas deben importarte más que tus propias cosas. Sé alguien para los demás. Hazles sentir tu amor por ellos. Dales tu cariño sin esperar recompensas. Piensa siempre en hacer felices a los demás. No olvides que, solamente al precio de darte desinteresadamente, podrás realizarte como persona y encontrarás la alegría de Dios dentro de tu corazón.

Cada día debes comenzar una nueva vida. Pero no te debes dejar atrapar por las cosas de la tierra. Si quieres ser más como persona, debes librarte de todo el exceso, ir ligero de equipaje por la vida. Intenta ver más allá de ti mismo. Y, sobre todo, prueba de amar desinteresadamente a los demás en vez de amarte a ti solo. No te preocupes tanto de tener y tener cosas y más cosas. “Es mejor necesitar poco que, tener mucho” (S. Agustín).

Descubre las cosas sencillas de la vida: el encanto de la amistad, las flores para un enfermo, un apretón de manos, una sonrisa, el silencio de una Iglesia, el canto de un pajarito, un riachuelo, una montaña… La vida se vuelve una fiesta, cuando se saben disfrutar estas cosas normales de cada día. Así serás libre con la libertad de los hijos de Dios.

Sé libre con la verdadera libertad, porque en nombre de la libertad se cometen muchos crímenes. En nombre de la libertad muchos hombres y mujeres desprecian la fidelidad conyugal, ciertos jóvenes abandonan a sus padres, se mata en nombre de la libertad y uno se destruye a sí mismo en vicios y placeres. Reflexiona sobre tu conducta. No esperes demasiado de los demás sin dar nada a cambio. No pidas amor sin antes darlo tú totalmente.

Acepta cada día como un regalo de Dios, levántate como si fuera una fiesta. No te levantes demasiado tarde, mírate al espejo y sonríe a Dios con tu primera sonrisa. Así el sol saldrá todos los días en tu corazón para los demás. Dile a cada uno con quien te encuentres con palabras o sin palabras: te amo. Díselo con una sonrisa, con un gesto de reconciliación, con un apretón de manos, con una palabra de estima, con una mano apoyada en su espalda, con un abrazo, un beso. Díselo con los pequeños favores y detalles de cada día y construirás un mundo nuevo digno de vivir.

Y ahora dite a ti mismo: “Hoy comienzo una nueva vida. Caminaré erguido entre los hombres y no me reconocerán, porque soy un hombre nuevo con una vida nueva. Hoy nazco de nuevo y me levanto con ilusión y esperanza ante las inmensas posibilidades que me ofrece este nuevo día. Hoy le sonrío a la vida y le sonrío a Dios que está conmigo. Hoy me levanto cantando, hoy es el mejor día de mi vida. Hoy saludo este día con amor en mi corazón.

Amaré todas las cosas a mi alrededor: amaré al sol que me calienta, pero también amaré la lluvia que hace crecer las plantas. Amaré la luz, porque me señala el camino, pero también amaré la oscuridad, porque me señala las estrellas. Amaré a mis amigos, pero también amaré a mis enemigos para que se conviertan en amigos. Amaré a todos los hombres, porque todos ellos tienen cualidades dignas de ser admiradas, aunque quizás estén ocultas. Derribaré la muralla de la sospecha y del odio y, en su lugar, tenderé puentes para llegar a sus almas. De todos modos, ellos también son hijos del mismo Dios. Si los pájaros, el viento, el mar y la naturaleza toda se unen con su música armoniosa para alabar a su Creador, ¿por qué los hombres no podemos hacerlo? Por eso, ante la conducta de los demás reaccionaré siempre con amor. Les diré a todos, aunque sea en silencio, que los amo y estas palabras, aun dichas en silencio, se reflejarán en mis ojos, serenarán mi frente y harán que una sonrisa se asome a mis labios.

En este mismo instante, extraigo todo el odio de mis venas, porque ya no tengo tiempo para odiar, sólo tengo tiempo para amar. Por ello, saludo este nuevo día con un gran amor en mi corazón. Y me pongo manos a la obra en este mismo momento con una canción que es oración. Doy gracias a Dios, porque soy el milagro más grande de la naturaleza. Desde el comienzo del mundo, nunca ha existido otro con mi mente, mi corazón, mis ojos, mis oídos, mis manos, mis cabellos, mi boca. Nadie ha podido ni puede ni podrá caminar y andar y moverse y pensar exactamente como yo. Todos los hombres son hermanos míos y, sin embargo, soy diferente de cada uno de ellos. Soy una persona única. Dios tiene para mí un plan único y maravilloso que nadie más que yo puede realizar.

Gracias, Señor, por el regalo de este nuevo día”. (Og Mandino).

 

Fuente: Libro “jóvenes de corazón” del padre ANGEL PEÑA O.A.R.

¿Esclavitud o Libertad?

Paradojas de la vida: San Pedro Claver, se hizo “esclavo” de los esclavos y eso lo hizo el más “libre” de su tiempo. El servicio con amor es la mayor fuente de libertad. 

Hoy vivimos muchos tipos de esclavitudes que tenemos la obligación de denunciar y procurar aliviar, para no volvernos esclavos de nuestro egoísmo e indiferencia. 

tumblr_m59neyePGa1qhfzpvo1_1280Hay esclavitudes que son generadas desde el corazón humano endurecido por el pecado, como son: el secuestro, el abuso del poder, el enriquecimiento ilícito, la violencia, el narcotráfico, el robo, el asesinato, los vicios y la inmoralidad.  ¿Quiénes son más esclavos, las victimas o los victimarios? Aunque para las víctimas de cualquier maldad es muy duro, sobre todo, física y anímicamente, sufrir la injusticia, son más esclavos los victimarios, desde el punto de vista moral y espiritual. Los victimarios no valoran la alta dignidad que tienen los seres humanos y así tampoco se valoran a sí mismos como tales. Son esclavos de la soberbia, del egoísmo, de la avaricia, del odio, de la venganza, de la envidia y demás bajas pasiones: tienen la esclavitud en su interior.  Si quienes participan en grupos armados al margen de la ley comprendieran que ellos están más secuestrados que sus víctimas, que son esclavos de sus jefes, de sus ideologías y de sus pasiones, se refugiarían en el único que les puede restituir su libertad y dignidad de hijos de Dios, Jesús.  

Él, más libre de los hombres, tomó sobre sí todas las esclavitudes o pecados de la humanidad, para que mediante su sacrificio, pudiéramos recuperar nuestra libertad. Su promesa es que si nos entregamos totalmente a Él, sin apegos ni a cosas ni a personas, negándonos inclusive a nosotros mismos y siguiéndolo, conseguiremos la plenitud y la felicidad eterna. 

Todos tenemos esclavitudes de las cuales es necesario irnos liberando. Hay algunas que limitan el progreso de muchos y que son responsabilidad de todos, como la miseria, la falta de acceso a la educación, a la salud y al trabajo. Hay otras relacionadas con el culto al consumo, al bienestar, al placer y a lo material. En cambio, le damos poca dedicación a lo espiritual y al cultivo de las virtudes, fuentes de libertad. Esto trae como consecuencia falta de sentido trascendental de la vida, de responsabilidad personal, familiar y social y de sensibilidad y compromiso para contribuir en la solución de los problemas y necesidades de los demás.  

La libertad es una condición del espíritu. Sólo se experimenta en el Bien, la Verdad y el Amor. Para usar bien la libertad debemos escoger el bien, el mal siempre esclaviza.

María, la más “libre” de los mortales, se llamó a sí misma la “esclava” de Dios. Esa sumisión a la voluntad del Padre, viviendo en plenitud sus leyes de amor, fue su máxima fuente de libertad y la inmortalizó como Madre de todos.

Recuperaremos la libertad que sólo nuestro Padre del Cielo puede ofrecernos, si libremente acogemos su voluntad y si buscamos por todos los medios la reconciliación con Él y con nuestros hermanos: “Hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte…mi hijo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado” (Lucas 15, 7. 24) 

Seguimos convocando a la jornada de oración por la paz y la liberación de los secuestrados, del 23 al 30 de septiembre. Sólo Dios podrá ayudarnos a conquistar la libertad, la justicia y la paz, para cada uno y para nuestra patria. 

Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.

Autor: Judith Araújo de Paniza.

 

El elefante!!

549314_608248895855914_1542905310_nCuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí, igual que a otros, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, el enorme animal mostraba orgulloso su gran peso, tamaño y enorme fuerza… pero después de su actuación, antes de volver al escenario, el elefante quedaba atado solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo. La estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa, ese animal era capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, así que podría arrancar con facilidad la estaca y huir. El misterio es evidente: ¿Qué lo mantenía entonces quieto? ¿Por qué no huía? Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores.

Pregunté entonces a mi maestro, a mi padre e incluso a mi tío, por el misterio del elefante.

Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: Si esta amaestrado, ¿por qué lo encadenan?‐ No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta. Hace algunos años descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: “El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy pequeño”.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él cuando era pequeño.

Me imagino que se dormiría agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al siguiente…

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque creía que NO PODÍA. Él tenía en su memoria el recuerdo de cuando era pequeño de que era imposible, que no podía. Por eso, nunca más se volvió a plantear intentarlo. Jamás… Jamás… intentó poner a prueba su fuerza otra vez…

A veces, cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante: vamos por el mundo atados a alguna estaca que nos quita libertad. Vivimos creyendo que un montón de cosas “no podemos” simplemente porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo: No puedo… No puedo y nunca podré.

Crecemos llevando con nosotros ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar. La única manera de saber si podemos, es intentar de nuevo poniendo en el intento TODO NUESTRO CORAZON. ¿Te atreves a empezar de nuevo e intentar lograr aquello que más deseas?

Para la reflexión

  • ¿De qué nos habla la historia?

  • ¿Hay alguna cosa que no podíamos o no sabíamos hacer y que ahora sí podemos y sabemos hacer?

  • ¿Alguna vez nos hemos dado por vencido ante alguna cosa que no lográbamos hacer?, ¿qué pasó finalmente?, ¿cómo nos hemos sentido?

  • ¿Recuerdas alguna persona que te haya ayudado a conseguir algo que te parecía imposible? Alguna persona que haya creído en ti, en tus posibilidades…

  • ¿Cómo te sitúas ante la vida: convencido de que no puedes hacer las cosas o con ilusión por ir conquistando cosas? ¿Te atreves a empezar de nuevo e intentar lograrlo?

Oración

Esta mañana desperté emocionado

con todas las cosas que tengo que hacer

antes de que el reloj marque la medianoche.

Tengo responsabilidades que cumplir hoy.

Soy importante.

Mi trabajo es elegir

qué clase de día voy a tener.

Hoy puedo quejarme de mi salud,

o puedo alegrarme de que estoy vivo.

Hoy puedo lamentarme

por no tener muchos amigos,

o puedo emocionarme y embarcarme

en la aventura de descubrir nuevas relaciones.

Hoy puedo quejarme

porque tengo que ir al colegio

o puedo alegrarme

porque soy de los afortunados que disfrutan de esta posibilidad.

Lo que suceda hoy

depende de mí,

yo debo escoger

qué tipo de día voy a tener.

Cada día es nuevo

cuando lo nuevo empieza en ti.

Autor: Jorge Bernat

La sencillez!!

“Jesús exclamó: Bendito seas Padre, Señor del cielo y tierra, porque, si has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, se las has revelado a la gente sencilla; sí, Padre, bendito seas, por haberte parecido eso bien. Mi Padre me lo ha entregado todo y al Padre lo conoce sólo el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Acercaos a mí todos los que estáis rendidos y abrumados, que yo os daré respiro. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde: encontrareis vuestro respiro, pues mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. (Mt 11, 25-30)
en la sencillez habita la grandeza
¿Qué es la sencillez?
Es una cualidad personal que hace suave el trato, humildes las formas de hablar, modera los deseos del tener y el poder, neutraliza la tendencia, del ser humano, de alardear de sí mismo. Sencillez es todo lo contrario a doblez, complicaciones, angustias sin sentido, trucos. Sencillez es transparencia, limpieza interior, espontaneidad.
La sencillez sólo puede surgir cuando empezamos a comprender el significado del propio conocimiento. La persona que no ha trabajado su autoconocimiento siempre será complicada, para sí misma y para los demás, aunque ella crea que es sencilla. En muchos momentos identificamos la sencillez con una manifestación externa, pocas posesiones, ropas, cosas, pero eso no es. La verdadera sencillez sólo puede originarse interiormente. Lo que uno es en su interior fluye al exterior. La sencillez va muy unida con la transparencia y la honestidad.
Con mucha frecuencia sucede que deseamos adoptar un estilo exterior sencillo e interiormente estamos siendo esclavas de innumerables deseos, apetencias, motivaciones no claras en nuestro actuar, doblez o astucia interesada…, ayer y hoy, los maestros espirituales nos dicen que para vivir la sencillez la persona tiene que estar liberada interiormente de todo apego humano.
Al profundizar en nuestro propio autoconocimiento nos hacemos cada vez más libres y más sensibles. Experimentamos frecuentemente que cualquier forma de autoridad o coacción, interna o externa, contribuye a la insensibilidad. Ninguna forma de coacción puede conducir a la sencillez, al contrario, cuanto más reprimimos, sustituimos, sublimamos, espiritualizamos, menos sencillez existe, aunque exista cierta apariencia de sencillez externa. Si uno no es sencillo no puede ser sensible a los árboles, a los pájaros, a las montañas, al viento, a todas las cosas que existen en el mundo que nos rodea. Y si no hay sencillez, uno no puede ser sensible al mensaje inter-no de las cosas y de las personas.
La mayoría de nosotros vive muy superficialmente, en el nivel superior de la conciencia. Allí tratamos de ser reflexivos e inteligentes. Cuando forzamos este nivel superior a vivir en sencillez, lo forzamos a perder la agilidad, la flexibilidad, la intuición…, y, poco a poco, nuestro nivel superior se va endureciendo. Ser sencillo en todo el proceso de nuestra consciencia es extremadamente arduo. Porque no debe existir ninguna reserva interior, tiene que haber ansia por averiguar, por descubrir el comportamiento de nuestro ser. Y eso significa estar alerta a toda insinuación, a toda sugerencia, darnos cuenta de nuestros temores, de nuestros deseos ocultos, de nuestras esperanzas. Hemos de investigar y liberarnos de todo eso constantemente. Sólo entonces, cuando la mente y el corazón son realmente sencillos, cuando están limpios de sedimentos, cuando gozamos de honestidad interior, de rectitud de intención, de clara transparencia en nuestro actuar evitando siempre la astucia y la doblez, entonces seremos capaces de comenzar a vivir la verdadera sencillez. El saber no resolverá nuestra complejidad. El peso del saber embota muchas veces la mente. También la embotan el pasado y el futuro. Sólo una mente capaz de ver lo que es, el presente, de instante en instante, puede hacer frente a las poderosas influencias y presiones que ejerce constantemente sobre nosotros todo lo que nos rodea.
Por eso la persona espiritual no es, en realidad, la que viste una túnica o la que ha hecho votos, sino aquella que es interiormente sencilla. Una persona así es capaz de una extraordinaria receptividad, porque no tiene barreras, no tiene miedo, no va en pos de nada y es, por lo tanto, capaz de acoger cualquier sugerencia que le ayude a crecer en sabiduría y gracia, está siempre abierta a percibir la presencia de Dios, que recrea y enamora, le gusta caminar por la senda que le lleva a experimentar la verdad. Sólo entonces puede haber felicidad, porque la felicidad no es un fin, es la expresión de nuestro modo de vivir.
A partir de aquí surge una sencillez, una humildad que no es virtud ni disciplina. La humildad que se consigue deja de ser humildad. Sólo cuando se posee la verdadera humildad puede la persona hacer frente a las cosas apremiantes de la vida; porque entonces no es uno mismo lo importante, no mira uno a través de las propias motivaciones interiores y del sentido de la propia importancia. Uno observa el problema tal cual es y entonces puede resolverlo.
La sencillez no se puede comprar ni conseguir por el puro esfuerzo, llega como una flor que se abre en el momento justo, cuando uno comprende todo el proceso de la existencia y su vida de relaciones interpersonales. Por eso no hay que buscarla, surge tan sólo cuando no hay “ego”, cuando no estamos atrapadas en especulaciones, en conclusiones, en creencias, en imaginaciones. Sólo una persona liberada interiormente puede hallar la verdad, recibir todo aquello que es inconmensurable, que no puede nombrarse. Eso es sencillez. La persona se con-vierte en TESTIGO.