Luchar por nuestros sueños – Parte III


sueños

Si solo nos orientáramos a lo que ya sabemos que somos capaces de hacer, nunca desarrollaremos una verdadera confianza en nosotros mismos.

Esta actitud nos lleva a escondernos de nuestra falta de fe en nuestras aptitudes, no arriesgándonos a soñar. Cuando no se desea nada, ni se necesita nada, no nos vemos obligados a fracasar y, por lo tanto, nunca tenemos que enfrentar lo poco que creemos en nosotros mismo.

No limitemos nuestros sueños ni nuestras ilusiones. Cuando lo hacemos, estamos limitando nuestra vida.

El miedo al fracaso es “normal” entre los seres humanos. Tener miedo no hace otra cosa que certificar nuestra condición de humanos. Podríamos denominarle “miedo saludable”. Pero cuando tenemos proyectos e ideas, y no hacemos nada transformarlos en una realidad tangible para nosotros, el miedo se convierte en algo paralizante, y ya se convierte en algo anormal.

¿Usted cree que existe un solo hombre o mujer que no tenga miedos? ¿Acaso puede pensar que yo no tengo temor al dar una conferencia frente a cientos de personas, o al preparar una audición radial o una exposición en televisión?

La diferencia entre mi actitud y la de otras personas quizás radique en no entender el miedo como un mandato que me señale que debo dejar de hacer lo que estoy haciendo.

El miedo no debe ser utilizado como un pretexto para no mirar hacia adelante.

La confianza en uno mismo no se nutre de no tener miedos, sino de tener certeza de que, a pesar del miedo que experimento, voy a actuar y voy a ir tras mis objetivos, paso a paso.

La verdadera seguridad no viene de no tener miedos. Viene desde adentro de nosotros; del sentimiento de creer en uno mismo, a pesar del temor.

En el mismo momento en que demos el primer paso para conseguir aquello que queremos, comienza también a crecer la sensación de autoconfianza, porque nos damos cuenta de que podemos contar con nosotros mismos.

Un niño pequeño, cuando da sus primeros pasos, cae y luego se levanta e intenta nuevamente. Cuantos más pasos dé, se afianza cada vez más en cumplir con su objetivo, que es caminar. Va ganando confianza en su propio esfuerzo, hasta que lo logra.

En este mundo cibernético, el uso de la computadora se ha convertido en una necesidad cotidiana. Sin embargo, a muchos de nosotros nos había ganado una especie de pánico acerca de que “nunca lo voy a lograr”. Sabíamos que su uso no sería de gran ayuda y, sin embargo, habíamos dejado pasar el tiempo sin intentarlo.

El miedo no desaparecerá mientras no cambiemos nuestra forma de actuar.

Cuando nos proponemos algo y actuamos en consecuencia para obtenerlo, nace una confianza basada en nuestra capacidad de ser responsables de conseguir nuestros objetivos.

El tener confianza en nosotros mismos nos ayuda a respetarnos y a que los demás también nos respeten.

Aprendemos a valorar el juicio que tenemos sobre nuestra persona y sobre aquellos valores que guían nuestra existencia.

Sentirnos dignos y respetados es una misión intransferible que cada ser humano debe cumplir, y por la cual debe luchar.

Fuente: Walter Dresel

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